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Between us [Priv. Taeil]

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Between us [Priv. Taeil]

Mensaje por Ten Leechaiyapornkul el Mar Ago 02, 2016 5:50 pm

Sus pensamientos volaban como virutas de papel quemado en el centro de un torbellino.

Ten alzó la mano con cierta pesadez, sujetándose la cabeza en una adormecida mueca. Vale, quizá Tae Il había tenido razón. Está bien, Tae Il había tenido razón, toda la del mundo. Pero los ademanes rebeldes que se habían arraigado en la forma de comportarse del menor le habían impedido escucharlo cuando aún no era demasiado tarde. ¿Las consecuencias? Una fuerte resaca y pocas ganas de levantarse. Rodó sobre el colchón buscando huir de la molesta luz que se colaba a través de la ventana, sentía que en cualquier momento se filtraría en su mente para atacarlo no sólo físicamente, sino también de la forma más mordaz posible, la de la tan temida tortura psicológica. Demasiadas películas, pensó, sin mucho ánimo de ponerse en pie para comenzar bien el día; o al menos como buenamente pudiera, porque realmente no confiaba en absoluto de que fuera a dar mucho de sí, tal y como estaban las cosa. Pero entonces un fuerte pitido rasgó el aire e hizo añicos su conciencia, y, a pesar de los estragos más que visibles en la mueca esbozada por Ten, enseguida supo que algo bueno iba a resultar de la vergonzosa broma de la noche anterior.

Cuando Tae Il lo retó a mandarle aquel mensaje al mánager, Ten creyó que, cuanto menos, le tocaría aguantar alguna especie de charla moralista y tremendamente aburrida. Pero la sorprendente reacción del receptor abrió una luz entre la marañas de ideas que, de forma más o menos ingeniosa, siempre rondaban al menor. Una mueca se apodó en sus labios, que pronto se curvaron en una sonrisa parecida a la de un sátiro. La conversación había sido intensa a pesar de no haber superado el par de respuestas. Ten le había dicho que aquel comentario iba dirigido hacia una chica con la que estaba tonteando; no había pasado nada entre ellos, pero el miembro de NCT quería que pasara. Ante tal arrebato de "sinceridad" el mayor se apiadó de él, dada su propia experiencia en ese campo y sabedor de lo difícil que resultaba con su edad y bajo las circunstancias en las que se tenía que mover, y se ofreció a ayudarlo a preparar una cita para aquella desconocida. Ten se mostró agradecido, esperando en todo momento alguna noticia al respecto, y se terminó durmiendo con la exaltante sensación de que podría ser divertido; sensación que acababa de aumentar ante el mensaje que ahora brillaba en su bandeja de entrada: "Te conseguí dos entradas para Lotte World, invítala a ir esta tarde, si preguntan por ti yo te cubro." Un escueto gracias sirvió como respuesta, y al instante se evaporó su sueño y el palpitante dolor que le había estado martilleando la cabeza desde que se despertara.

Se levantó de la cama de un salto y corrió hacia el armario con la intención de vestirse. Debía encontrar algo medianamente decente, lo suficiente al menos para llamar la atención de su hyung en cuanto posara sobre él la mirada. No quería pasarle desapercibido, nunca había soportado ser simplemente uno más para él. Pero no había sido tan consciente de la realidad hasta la noche anterior, cuando compartieron aquel beso que había conseguido despertar un centenar de aleteantes mariposas en su estómago. Se mordió el labio inferior conteniendo una sonrisa, aquel recuerdo provocara que comenzaran de nuevo con su característico batir de alas. Negó a movimientos rápidos con la cabeza y trató de centrarse en la prendas frente a sí; eligió una camiseta de tirantes blanca, muy básica pero ajustada a su cuerpo, y unas bermudas de color azul cielo con un cinturón marrón trenzado. Y sin perder más tiempo se dirigió hacia la habitación de Tae Il. No le sorprendió que continuase durmiendo, se habían acostado tarde y era relativamente temprano, así que se internó tratando de hacer el menor ruido posible; pero cuando estaba ya a su lado se subió sobre él en la cama. - ¡Hyung, despierta! -Exclamó, agitándolo por los hombros. - Tengo algo que decirte. -Informó, pues el contrario ni siquiera estaba al corriente de sus planes. - Esta tarde tú y yo nos vamos a Lotte World. -Su sonrisa daba buena cuenta de lo mucho que le agradaba el plan, aunque también dejaba al descubierto que algo más ocultaba, y, efectivamente, ese algo pronto salió a colación. - Pero el mánager hyung se cree que voy con una chica, así que tendrás que vestir de mujer. -Dijo con fingida inocencia, como fuera algo que acostumbrara a hacer a menudo.
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Re: Between us [Priv. Taeil]

Mensaje por Moon Tae Il el Mar Ago 02, 2016 7:07 pm

No sabía si una sinfónica se había instalado en su cabeza con tal de molestarle durante toda la mañana o el alcohol le había hecho realmente efecto. Sí, la primera suena surrealista, pero el chico era incapaz de asimilar que algo con un sabor tan extrañamente dulce puediera hacer semejantes estragos; claro, que quizás es que tampoco era conocedor de que el mal siempre se manifiesta de manera seductora, pues sino nadie se vería atraído a él. Gruñó y se retorció por la cama como si tuviera complejo de niña del Exorcista; podría haberse despertado, pero ni tan siquiera era la hora apropiada para hacerlo y no era cuestión de caerse por el camino al salón y montar una verdadera orquesta de cristales rotos y madera astillada cuando se tropezara con algún mueble. Podría echarle la culpa a la forma bastante tentadora que tuvo Ten para ofrecerle aquella botella de licor, pero eso supondría comportarse como si no le hubiera gustado aquella noche en absoluto y, ¿para qué engañarse? si había sido una de las mejores que había pasado dentro de aquel edificio. Así que, en medio de la muy poco melodiosa sinfonía de su orquesta psicológica, decidió darse la vuelta en la cama, abrazar a la almohada como si fuera una persona, y volverse a dormir hasta que fuera una hora decente.

Pero, al final, ni hora decente ni forma agradable de despertar después de percatarse de que está sufriendo la resaca de su vida. Mientras vivía oníricamente una retorcida experiencia que involucraba el dichoso vestido que había entrado en juego de la forma más humillante para el vocalista aquella noche, algo le agitó por los hombros. En su sueño, aparecieron personitas de la nada y empezaron a correr en círculos afirmando escandalizados que estaban sufriendo un buen terremoto y que, como no se movieran, les podría caer un trozo de edificio ruinoso encima y aplastarlos como hormigas. Por supuesto, Taeil no entendió absolutamente nada porque, en lo poco que duró aquel extraño panorama, nunca vio caer algún edificio, de hecho, no vio algún edificio en sí. Solo vio vestidos que se abalanzaban encima de él y le atormentaban con risas aterciopeladas. Entonces una voz perforó sus tímpanos o, al menos, él tuvo esa sensación. En respuesta ante el desagradable eco que había nacido en su cabeza gracias a la inesperada exigencia del menor, comenzó a mover sus brazos como si intentara zafarse de alguna clase de bestia intergaláctica que quiere llevárselo consigo. En esa ridícula acción, de forma accidental, le dio un palmotazo al brazo del menor. Cuando notó el tacto de la piel ajena, esa que se le hizo curiosamente reconocible, empezó a abrir los ojos poco a poco, temeroso de encontrarse con la luz del Sol de lleno y quedarse ciego por toda la eternidad.

¿Que tienes algo que decirme?— Preguntó con dificultad y voz ronca que contrastaba con su usual tono angelical, como si tuviera una esponja en la boca. A pesar del resacón que tenía encima, sonrió con cierta ilusión ante la propuesta, pero siendo incapaz de quitarse el gesto cansado de la cara. Antes de ser capaz de responder, se quedó mirando por unos segundos lo que llevaba puesto el menor, había llamado su atención. La camiseta ajustada hacía que su mirada se desviara al torso del menor. Y no pudiera quitarla. Y siguera sin poder quitarla. Hasta el corazón parecía palpitarle rápido por aquella desinteresada provocación. Si esa escena se plasmara en algún cómic de tintes románticos, seguramente su nariz estaría sangrando. Sacudió la cabeza con fuerza, como los perros cuando se mojan. Creyó que aquello le despertaría, pero solo consiguió que la cabeza le doliera un poco más y se le escapara un pequeño y agotado quejido de dolor. Menos mal que el menor, al soltar la bomba, logró despertarle de la más adorable de las maneras: con los ojos abriertos de par en par y unas mejillas ruborizadas a más no poder.— No vas a vestirme como una chica. — Se quejó a pesar de la mucha ilusión que le hacía ir a Lotte World con el menor.— No quiero ir como una chica. No quiero llevar otro de tus ridículos vestidos. De hecho, me niego a llevar una falda, no quiero que miren debajo de ella, me da vergüenza. —Lo mejor de estar medio dormido fue que no entendía la mayoría de palabras que salían por su boca.
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