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In the middle of the hurricane [Priv. Irene]

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In the middle of the hurricane [Priv. Irene]

Mensaje por Lee Tae Min el Lun Ago 15, 2016 1:45 am

BAE JOO HYUN & LEE TAE MIN. 18/07/2016, 3:30 P.M. APARTAMENTO DE SHINEE.

No existían palabras capaces de calmar su ánimo, las razones se habían convertido en un vago cúmulo de malas impresiones sin sentido alguno fuera de su propia mente, y su alrededor poco a poco se teñía de un tono tan negro que sus ojos eran incapaces de distinguir las figuras formadas a través de la intensa luz que, desde la insensible ventana, provenía del cielo. ¿En qué momento había llegado a este estado de agotamiento y hastío? Extendió las manos frente a su rostro, las puntas de sus dedos se mecían con un leve temblor cuya inercia era transmitida hasta la misma palma, sacudiéndola con aquella fuerza proveniente de algún eco de su ahora inexistente regocijo. No era miedo ni desesperación el sentimiento que lo azotaba con aquel implacable embiste, sino frustración, una frustración tan grande que le impedía pensar con la claridad que ameritaba el momento, arrastrándolo a una espiral que irrevocablemente lo llevaba al punto de inicio del cual había partido, imposibilitándole así avanzar más allá sin él mismo ser dañado por su propio ego. Desvió la vista hasta el cuerpo durmiente que descansaba a su lado; sus ojos recorrieron con suma lentitud aquella figura cuya desnudez apenas se tapaba por una fina sábana de seda blanca. Sí, de nuevo había podido estrecharla entre sus brazos, reduciendo el mundo durante esos breves instantes en que duró el acto a solamente un ella y yo, ¿pero de qué le servía ahora? Una sensación amarga lo recorrió, tenía muy claro que nunca conseguiría de ella más de lo que le estaba dando, y a pesar de todo simplemente no podía conformarse. - Noona… -apenas susurró su, cargada  mi voz con aquel tinte de anhelo que a ella jamás le dejaría escuchar.

Apretó el puño en señal de rabia, y con flaqueante firmeza dirigió la mirada al frente. Sus uñas habían provocado pequeñas heridas en la piel debido al fuerte énfasis, y cuatro marcas en forma de media luna decoraban ahora la palma de una de sus manos, pintadas del  tono carmesí típico de la sangre que acaba de brotar. Un dolor insignificante al que no prestó atención alguna, a decir verdad ni siquiera se había percatado de su existencia, tan ofuscado como estaba con lo que ni siquiera era capaz de alcanzar a ver. Durante unos interminables segundos se quedó por completo absorto, pareciera que el tiempo había congelado su imperturbable flujo, deteniendo a su vez el aire del que estaba compuesta la atmósfera que los rodeaba. Era una paradoja en sí misma, con todo lo que ello conllevaba, pues si algo así ocurría se extinguiría todo soplo de vida sobre la tierra, y quedaríamos reducidos a un cúmulo de átomos sin razón alguna de ser, incapaces de esbozar el más mínimo pensamiento. Resultamos seres tan frágiles que si no fuéramos víctimas de las circunstancias nada movería nuestras acciones.

La obstinación con la que Tae Min se aferraba a aquel modo de vida que ahora llevaba era una fehaciente prueba de ello, y sin embargo aún se esforzaba en afirmar que en nada le afectaba, que lo único que estaba haciendo era seguir el curso más fácil por el que podía ser conducido. Hasta tal punto llegaba su auto convencida ignorancia. Y no albergaba aquel sentimiento por desconocimiento de la situación, pues tenía suficientemente claro qué era lo único que lo unía a la líder de Red Velvet, sino como una simple manera de auto protegerse de sus propias intenciones, alejadas por completo de su línea habitual de comportamiento. Era el resultado de una ecuación irresoluble, a la que él había forzado hasta conseguir esa solución que tanto parecía ansiar, pero que en nada podía satisfacer las expectativas sobre su propia persona.

Al menos aquel día, tras varios sin verse, la mayor había ido a celebrar con él su cumpleaños. En cuanto había atravesado la puerta lo primero con lo que se encontró fueron aquellos carnosos labios que tan bien sabían complacerlo, y tras los primeros instantes de vacilación había terminado por corresponder un contacto tan deseado por ella como por el menor. No había esbozado la palabra “felicidades”, pero su presencia resultaba más que suficiente para sentirlo en cuerpo y alma. Ahora ella dormía a su lado, ojalá despertase pronto...
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